Archivo mensual: febrero 2011

La canción que no entiendes

La canción que no entiendes y suena en la radio, y se repite, y sigues sin seguir la letra, pero te gusta. Y llega al número uno del listado de tu emisora y la tarareas, y no te deja en paz, no hablas inglés y no comprendes el estribillo pero tampoco te importa; es lo de menos, sabes bailarla ¿no? Y qué que no pronuncies con acento nativo. A tomar por culo.

Es lo que pasa con tantas otras cosas cuando las experimentas desde la ignorancia, creo. No es que se viva mejor, pero sí a otro ritmo. No se trata de una realidad clara, ni turbia, bueno, no es realidad. Imagino que interesará según el caso engañarse a uno mismo o despertarse con agua fría, aunque joda.

Sigues sin entender la canción, que siempre se compone de los mismos elementos, sin embargo, no se deja descargar del eMule. Pero te gusta. Y como decía, la tratas de bailar.

Buen mes.

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Eso me suena

Un oñatiarra nacido en Buenos Aires me contó que… exactamente no me quedé con la copla, pero algo así como… Bueno, que me encontraba tomando el cortado que me sirvió y estaba más al jeroglífico del Diario Vasco que a la conversación de la hora de la digestión.

El caso es que Valerio, un excompañero de trabajo de mi época en Disneyland, se casó por fin con su novia de toda la vida en una  atípica capilla de Las Vegas. Decidieron Sudamérica como destino para su ansiado viaje de novios y por lo que parece, no pagaron por un tour organizado sino que decidieron, mochila a la espalda, recorrer varios países al estilo Guevara pero sin motocicleta. Tanto despilfarro en Nevada les dejó la cartera vacía a los enamorados, que no tardaron en acudir a un banco a retirar guita en su primera etapa, Argentina.

Tras desayunar en el Bed & Breakfast pero no antes del check-out, Valerio dejó a su mujer en el alojamiento mientras éste se dirigía al HSBC donde poder sacar unos pesos. Después de abastecerse generosamente caminó hacia el baño a repartirse los fajos por los bolsillos. Hizo bien el paripé usando la bomba y fue al mirarse al espejo cuando se lavaba las manos que notó algo blanco sobre su hombro derecho. Se sacudió levemente y volvió al hostal.

Con la cantidad de dinero acumulado en su ropa, Valerio prefirió no arriesgar y tomar un camino transitado, o sea, hizo caso a la Lonely Planet. Casualidad de la vida, precisamente en pleno bullicio causado por un mercado de flores de una colorida plaza, el recién casado fue agredido frontalmente con una violencia terrible por un hombre voluminoso a puño desnudo. Se hizo el silencio. Valerio, consciente pero incapaz de articular palabra, buscaba con la mirada durante segundos eternos que alguien le atendiera en medio de aquel gentío estático que, no obstante, clavaba su mirada perpleja fijamente al agresor.

Al momento el atacante señaló con el dedo apuntando al joven turista gritando:

– ¡Como te vuelva a ver con mi mujer te enteras!

Acto seguido la compasión de los locales cambió a indiferencia absoluta ante el mudo Valerio, que además tuvo que aguantar ser zarandeado en el suelo de adoquín, mientras el ocurrente ratero le seguía insultanto, y ser robado con maña.

Ahora que lo dices, el camarero de Oñati dijo que los argentinos eran buenos en campañas publicitarias, en creatividad y … usando tiza.

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Me distrajo

Decidí ponerme con la operación bikini cuanto antes para que no haya sorpresas en verano, ya que como recordáis, paseo con sobrepeso. Me informé sobre diferentes tarifas en los mejores gimnasios de la ciudad, me dejé aconsejar por los más prestigiosos endocrinos de la zona y en definitiva, cambié el plato grande por el plato pequeño. Pero sin duda lo que verdaderamente satisfizo mi deseo de moldear mi cuerpo fueron las pesas del sótano.

Mi primo Jeff por mi quince cumpleaños me regaló un banco de ejercicios, ya que según afirma, “sin él no llegarías tan lejos como yo, pequeño: a la marina”. Este patriota vigoréxico me introdujo en un mundo de anabolizantes y batidos proteínicos un tanto insano, del que, no obstante, quedé enamorado.

Solía entrenar diariamente junto con Jeff, que me ayudaba con la última repetición, en el sótano de casa de mi Milwaukee natal, donde el encargado de filmar mis proezas físicas antes de subirlas a Youtube sería mi perro Rusty, a quien rescatamos malherido tras un incendio en el circo donde fue entrenado.

Ta-chán.

PS. ¿Por qué Milwaukee, tío? Simplemente suena genial.

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Uno menos

Semanas después de mi éxito en solitario cosechado en la edición de 2010 de la Gloucestershire Cheese Rolling un inmenso hueco se instaló en mi interior. Tras largos meses de duros entrenamientos, mentalizarme a conciencia y  sacrificados ejercicios continuados de concentración conseguí el oro que tanto ansiaba, cuyo significado tan rápido me abandonó.  Y no es que me comiera el queso el mismo día, sino que mi veleta apuntaba a los cuatro puntos cardinales simultáneamente. Me quedé sin objetivos claros en el horizonte, con lo que una vez más, no había encontrado la felicidad donde creía haberla situado. Gloucestershire significó otro mero disfraz Disney que colgar al fondo de mi armario, donde guardo los recuerdos del pasado.

Una nublada mañana mi vida cambió drásticamente, al ver la luz a través de una noticia en el periódico: “Alemania busca ingenieros“. Era mi momento, la oportunidad de dar con el empleo soñado; sin embargo, me enfrentaba al idioma teutón. Mi éxodo no tardó en llegar y sorprendentemente mis progresos en la lengua fueron a pasos agigantados gracias a unas gemelas danesas que conocí en la academia de Duisburgo, quienes se mostraron muy amables a la hora de echarme una mano con las tareas extra. La servicial pareja, que estudiaba periodismo, trabajaría en prácticas posteriormente en la televisión local.

Por mi parte, los días pasaban y las entrevistas y demás oportunidades no llegaban. Puse en marcha un plan de emergencia y me inscribí a un curso express de trilero a distancia, con el que ganarme un dinero para afrontar costes. Mi desconocida fama dejaba de estar en un segundo plano para posicionarme entre los mejores ilusionistas de la región. Visto mi éxito, las gemelas me dieron una oportunidad en la televisión. ¡En directo!

Y esa fue mi única oportunidad. Seguiré intentándolo en Siemens.

PS. Perdonad mi acento.

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