Archivo mensual: marzo 2011

La lección de plástica

La clase de plástica no salió como esperaba, me salí recortando por los bordes, el punzón no estaba afilado, plastilina entre las uñas,  apenas quedaba pegamento para  las piezas de mi trabajo y en clase de francés me mandaron deberes extra para casa. Sin contar con el tema nuevo de matemáticas que no hay por dónde cogerlo. ¿A quién le interesan las tablas de multiplicar?

Por fin vino mi madre a buscarme al colegio, un día asqueroso, lluvioso, invernal de libro. Y sin merienda. ¿Dónde estaba mi mortadela? No daba crédito a lo que sucedía. ¿Cómo podía hacerme algo así? Llevaba sin comer desde el desayuno, al meter en la jarra de agua del comedor la coliflor y el pescado… Me moría de hambre. Estaba convencida de que en el largo camino a casa en coche no podrían abstraerme ni mis rotus de colores sobre el papel.

Podía haber escrito eme, o, erre, te, a, de, ele, a, en lugar de hache, e, ele y pe, pero la ocasión lo merecía.

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Huele a carmín

Intentaba recuperar mi posición perdida, toneladas de amor hacia mi persona, atención absoluta y trato exclusivo para el Rey de la casa. Desde que ese embustero llegó, desayunaba tostadas frías por cederle las mías recién hechas,  los cuentos nocturnos fueron sustituidos por un simple “a dormir” y perdí el control del mando a distancia con lo que Disney Channel dejaba de gobernar el televisor. Para colmo, recibía sobornos en forma de regalos para niños de preescolar, con mis nueve años, ¡de qué va ese cabrón! Está claro; él no me gusta, yo no le gusto.

Me había declarado la guerra abiertamente, la lucha por la mujer de la casa había comenzado. Y no había vuelta atrás, no estaba dispuesto a ceder ni un paso de mi talla 34 por un recién llegado a mi guetto.

Vuelvo a vivir con mi madre en el calor del hogar, de su regazo, de los cuentos de Caperucita y videos de Hannah… y de mis tostadas.

Buen finde.

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