Archivo mensual: noviembre 2011

Yo sujeto los globos

Planeábamos una escapa europea entre viejos conocidos del club de montaña. Aprovechando el puente enlazaríamos varios días de manera que nos plantábamos con 216 horas para hacer el mal por Suiza, el destino escogido.  El puto Jeb estaba desproporcionadamente emocionado, “sólo veremos vacas y banqueros, Jeb”, le decía. Pero el tío a lo suyo. Se acercaba la fecha y sus nervios aumentaban en consecuencia, visiblemente.

A pocos días de partir, recibí un escueto sms suyo citándome en un bar del barrio. Al parecer le urgía transmitirme algo de cierta importancia. Reunidos ya en el Bar Surto, me desveló que quería confiarme una labor vital  para la actividad que quería llevar a cabo el día de nuestra ascensión al Walensee. “Dos trozos de dos metros de hilo, para sujetar sendos globos”. Instrucciones claras. “Quédate tomando fotos al valle desde el saliente con el grupo. Coge este walkie. Me reuniré por la tarde con vosotros”. Y con el Cola-Cao aún humeando, se marchó.

¿Dónde está Jeb? No le hemos visto en toda la mañana. Tranquilos chicos, baja en 3, 2, 1.

Me confesó que sus calzoncillos estaban impolutos. No como los míos.

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Zas, Pimba y Zapín

Infructífera conversación a y veinte la pasada madrugada con una alcoholizada emparejada en la pista de baile sobre cristalitos de vaso de cubata roto y Alaska sonando a todo trapo. Y no hablamos de arte culinario de restaurantes cool. Una chica desnucada a causa del etanol en un bar de Somera abría mi mágica noche bilbaína; un anticipo de una sucesión de irregularidades y anormalidades que tendría lugar aquel día primaveral en la capital vizcaína.

 

Como cada sábado por la tarde en esa franja horaria bautizada como la hora de la siesta, me encontraba entrenando duro en el CAR de Abando para la Gloucestershire Cheese Rolling del año que viene, cuando mi teléfono sonó. Se trataba de Martin, Martín para sus padres, un becario del curro al que conocí en una cena de trabajo. Estaba organizando una fiesta para ese mismo día junto con otros estudiantes, y quería liar algo interesante para el cierre del curso académico. Lo que por mi parte fue salir a dar una inocente vuelta por el Casco cobró aspecto de no retorno.

Tras kilos de champis, litros de cerveza y ríos de tinto terminamos en un garito de cuyo nombre no puedo acordarme ni leyendo el sello de mi pulcra muñeca. Sobrado de confianza me acerqué a una chica ultra-atractiva que me resultaba familiar. Tardé segundos en mirarle a la cara y, para mi sorpresa, darme cuenta de que realmente le conocía. Y vinieron las tres en cadeneta, imparables, arrolladoras, dadas de la mano y no en son de paz. Y que quede claro que no tienes dónde esconderte para esquivarlas ni una postura cómoda con las que recibirlas; como encajar un crochet. De pequeño coleccionaba cromos, ahora mudas onomatopeyas.

Do you know who says that?

 

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Mont Lloret

Después de un periodo alejado del terreno, tras meditarlo y madurar la decisión, elegí continuar por el camino que un día escogí y tan buenos momentos de satisfacción me produjo. Con lo que, lápiz y papel en mano, me lancé.

Desde alevín, el pádel en parejas me enseñó a esforzarme cada día, a no tirar la toalla, a confiar en mi compañero y en mí mismo. No importaba el nivel del adversario, ni si era infantil o cadete. Trabajo duro y constancia para obtener resultados. Poco a poco llegamos a coronarnos campeones escolares de Busturialdea, y de ahí Vizcaya fue nuestra. Los años pasaron y no pudimos mantener el listón, optas por lo seguro, una carrera, dejas de lado el deporte que te hizo ganar la primera medalla en la ikastola y te presentas con veintialgunos y sobrepeso.

En verano me escapé unos días con Evripidis, el colega Erasmus de Tecnología Eléctrica II, a Lloret de Mar para desconectar y conocer un poco la zona, cuando vi en la urbanización donde alquilamos el apartamento el cartel que me alegró las vacaciones: “Torneo de Paddel nocturno Mont Lloret”. Me revolvió el estómago con lo que acto seguido me hice con un lapicero y nos inscribimos.

Eligimos para la ocasión camisetas de color naranja, como la mecánica. Esperábamos con ilusión el comienzo del partido, ese saque inaugural y las gradas a rebosar, público volcado con nosotros o, bueno, aunque sea guiris totally wasted. Sin embargo, más bien estuvieron vacías…

…aunque algún incondicional sí que se animó al partido.

Bienvenidos.

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