Plan B de verano

Yendo a morder, a desgastar marfil y a romper  hueso. Rechinando antes de saltar al corro. Calibrando la diestra para atinar en la pera. Porque así funciona, aciertas o acierta.

No me fue bien la aventura tailandesa. Costearme el viaje con unos gramos no mereció la pena. A decir verdad, amigos he hecho y sexo no me falta en el país. Aunque también es cierto que barrotes adentro el show de las pelotas de ping pong cambia un poco. Porque no son de ping pong, entre otras cosas.

Sin ingreso alguno, no puedo pagar mi celda más que siendo compartido o peleando. Prefiero lo segundo. Los reclusos apuestan por un luchador que recibe su parte si se deshace del contrincante. Mientras respire, no cobras. Tras un agónico empate contra Xị̂ Khn x̂wn,  combate en el que me luxé el acromioclavicular, decidí optar por una tercera vía; acudir al taller de carpintería del centro de reinserción.

Comprobé que fabricaban de todo menos puertas para armarios y que no fui el único occidental que erró en su plan A de vacaciones estivales. Al fin y al cabo, hay planes hasta la Z.

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