Mientras tanto

No discernía en posición horizontal, apoyado sobre el frío travesaño que atrapé con la sien al caer al suelo. La lluvia emborronaba aún más mi percepción del entorno mientras observaba la cortina de agua bailar descoordinada por las rachas de viento, de izquierda a derecha y de arriba a abajo.

Rodé media vuelta y noté que el pavimento se volvía cómodo, se ablandaba, o es que tal vez mi cabeza se adaptó por el impacto del hierro. Al incorporarme los pajaritos no volaban a mi alrededor, sino que anidaban en mi interior. Aún con dolor por la contusión, la bandada  emprendió el vuelo agarrándome por la camiseta empujándome a la pista.

Y seguí patinando.

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